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10:47 30/06/2009
LA NACIÓN - LAS LECCIONES DE LA TRAGEDIA QUE LA ARGENTINA NO APRENDIÓ
A continuación se publica la visión del periodista de LA NACION, enviado especial a México, cuando allí se registraron los primeros casos
La bomba estalló el 16 de abril. Con 208 casos confirmados de una gripe diferente, que ya había provocado algunas muertes, México emitió la alerta epidemiológica y el mundo descubría la gripe A (H1N1).
El 24 de abril, con 903 casos confirmados, la Secretaría de Salud mexicana decidió suspender las clases en todos los niveles. El 30 de abril, con 3080 casos, el presidente mexicano, Felipe Calderón, habló por cadena nacional y ordenó esa noche suspender por cinco días todas las actividades administrativas y mantener sólo los servicios esenciales.
La vida de los mexicanos estaba en cuarentena. Los chicos no salían de sus casas. Las calles del DF estaban desiertas. Se habían agotado los barbijos. El gel de alcohol era elemento de uso diario, en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballero.
Unas 100 personas (la mayoría de entre 19 y 50 años) murieron por la gripe porcina. Más allá de la tragedia, los mexicanos superaron la prueba a la que fueron sometidos.
El 29 de abril la Organización Mundial de la Salud había elevado a cinco la alerta ante una posible pandemia. La Argentina había suspendido sus vuelos comerciales con México para evitar la llegada del virus. Los hospitales del DF estaban colapsados y el sistema de salud, desbordado.
Por aquellos días Jorge Yoma, embajador argentino en México, prometió el envío de médicos del Instituto Malbrán para que colaboraran y, a la vez, aprendieran. La Argentina, se decía, se estaba preparando para atender la crisis.
¿Se estaba preparando?
Los médicos del Malbrán, obviamente, nunca llegaron a México. La actitud argentina de cortar los vuelos generó una crisis diplomática que tensó mucho más allá de lo aconsejable la relación entre ambos países.
Hoy México se prepara para mostrarle al mundo, en una conferencia internacional que se hará entre el 1° y el 3 de julio, los resultados de sus políticas para atacar la pandemia.
La Argentina, que no aprendió nada de las lecciones mexicanas, intenta evitar una catástrofe que parece inminente y que ya se ha cobrado 26 muertes inútiles, atribuibles sólo a la necedad de políticas tardías y no exentas de intereses políticos.
No fueron fáciles las cosas en aquellos días de abril en el DF, donde ocurre algo similar a lo que pasa en la Argentina. El jefe del gobierno de la capital, Marcelo Ebrard, es de un partido opositor al de Calderón y las relaciones entre ellos parecen un calco de las de Kirchner y Macri. Ebrard asistió por primera vez a una reunión con el presidente, cuando éste convocó a los gobernadores a una jornada de trabajo a raíz de la crisis por la gripe A.
El jefe de gobierno del DF fue el único que durante las siete horas de trabajo de esa jornada permaneció con un barbijo sobre su boca.
Las diferencias políticas no le habían impedido ordenar apenas cinco días antes el cierre de todos los restaurantes y bares de la ciudad; prohibir reuniones multitudinarias y suspender toda actividad que implicara concentraciones. El gobierno nacional no se opuso a la medida ni la consideró tremendista.
Manos que no temblaron
A nadie le tembló la mano cuando hubo que ordenar jugar los partidos de fútbol a puertas cerradas (se estaban definiendo, como aquí ahora, campeonatos y descensos). Ni hubo quejas cuando se cerraron teatros, cines y museos. Ni siquiera de la Iglesia, cuando se suspendieron misas, casamientos y bautismos.
Diarios, radios, canales de TV y cartelería pública estaban inundados de campañas oficiales de prevención. Todo el mundo sabía cuáles eran los síntomas de la enfermedad. En los programas infantiles les enseñaban a los más chicos a lavarse las manos.
Las clases estaban suspendidas, se dijo, y los chicos permanecían en sus casas y no pululaban por los shoppings. Doscientas camionetas de las denominadas "Caravanas de la salud" se instalaban todas las mañanas en diferentes puntos de la ciudad para hacer pruebas rápidas de gripe A. Los resultados estaban en diez minutos.
México no le tuvo miedo a la enfermedad. No tuvo miedo de enfrentarla, hasta con las medidas más drásticas y antipáticas. México le dio una lección al mundo. Una lección de madurez política. ¿Habrá aprendido la Argentina?
Fuente: DIARIO LA NACION.
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